miércoles, 15 de marzo de 2017

Visión del mundo

Visión del mundo
Weltanschauung

Jeanete Ugalde
Este concepto es creado por Wilhem Dilthey para nombrar la manera en que el hombre articula los distintos ámbitos de la vida.

Wilhem Dilthey (1833-1911) nació en Briebrich, Alemania. Es uno de los pensadores más representativos del historicismo alemán. Su obra más importante es Introducción a las ciencias del espíritu. Dilthey representa un antecedente fundamental de la hermenéutica, así como de la Fenomenología y el Existencialismo francés.

Distingue dos ámbitos de lo real: la naturaleza y el espíritu, los cuales constituyen dos tipos de conocimiento. La naturaleza pertenece al reino de la causalidad, mientras que el espíritu al de la libertad. El conocimiento que el hombre alcanza de los objetos naturales es nombrado por Dilthey «explicación» (Erklären). Este tipo de conocimiento se encuentra determinado por leyes necesarias y universales, mientras que el conocimiento acerca del espíritu es producto de la historia y cultura humanas. A este segundo tipo de conocimiento lo denomina «comprensión» (Verstehen).

De esta manera, las ciencias se distinguen en: ciencias naturales y ciencias del espíritu. Las ciencias naturales tienen como objeto hechos que se presentan a la conciencia de manera dispersa como procediendo fuera de ella, en cuanto meros fenómenos. Por otra parte, el objeto de las ciencias del espíritu no es un fenómeno externo al hombre mismo, sino algo interior, que se encuentra en íntima relación con su vida anímica.

Para Dilthey no hay formas puras del conocimiento, sino que todas las formas del conocimiento se fundamentan en la experiencia misma. La «vivencia» (Erlebnis) es el fundamento último del conocimiento. En ella encuentra sus condiciones. La experiencia se constituye en la conexión de los estados anímicos del hombre. De esta manera, el pensamiento no se encuentra separado de la vida, sino que aparece en el mismo proceso de la vida. El análisis de la experiencia lleva a Dilthey a determinar las llamadas «categorías vivas» en oposición a las «categorías a priori» kantianas. Estas son resultado de la experiencia y, por lo tanto, a posteriori. Entre ellas se encuentran las ideas de conexión, estructura, sentido y significado.

Para Dilthey, la vida se compone de vivencias que se encuentran en íntima relación. Toda vivencia particular se encuentra referida a un «yo». La conexión de la vida la experimentamos como una íntima relación de partes que tienen un orden y un sentido propio, de tal manera que las experiencias tienen una estructura. Del mundo exterior procede toda la serie de estímulos que se proyectan en la vida psíquica como la sensación, la percepción y la representación. A partir de estos estímulos se producen cambios que al observarlos se acompañan de una diversidad de sentimientos, que dependen del valor que le proporcionamos a estos estímulos en la vida. Esta valoración de los estímulos genera impulsos, deseos o procesos volitivos a partir de los cuales la realidad es adaptada a la vida o la vida se somete a la realidad.

Dilthey caracteriza la vida por la capacidad de reaccionar ante los estímulos que vienen del exterior. Lo vivo se encuentra en una constante interacción con el medio ambiente y todo lo que lo rodea, con el objetivo de preservar la vida y alcanzar su complemento, que es lo exterior, el mundo. Este proceso de interacción con el ambiente lleva a una sucesión estados, de tal manera que la estructura psíquica se modifica o evoluciona. Así, la vida comienza en el tiempo en tanto implica la interacción con un ambiente y termina en el tiempo. La vida aspira a adecuar el medio a sus necesidades. Esta interacción de lo vivo con su entorno hace imposible separar la vida del mundo, de tal manera que establece una relación psicofísica con el mundo. Dentro del proceso vital, la racionalidad despliega su capacidad directriz en un segundo momento, sin que la vida se transforme en mera racionalidad, pues siempre va acompañada de estados anímicos y de procesos volitivos. En el ser humano, la vida se distingue en vida biológica y vida psiquíca. Ambos aspectos de la vida conforman una misma realidad: la vida temporal e histórica. El mundo hace aparición en la vida como experiencia. La vida, al mismo tiempo que algo privado y personal es algo público, cultural y social, es decir, algo histórico, de tal manera que en la vida estamos relacionados, no solo con los hombres que habitan nuestro propio tiempo, sino con los que han vivido antes que nosotros.


Dilthey llama «visión del mundo» a la estructura psíquica que, con base en las experiencias de orden religioso, artístico, político y filosófico se articula para comprender y dar sentido a la vida y al mundo en una cultura o sociedad. Esta «visión del mundo» pretende articular los bienes y valores de una sociedad, así como las formas de conducta que pueden ayudar para obtenerlos. La «visión del mundo» no es una mera racionalización de la experiencia, sino que en ella se unifican las distintas potencias del ser humano: intelecto, voluntad y sentimiento. Ahora bien, aunque las «visiones del mundo» encuentran su origen en la unidad psíquica del ser humano, que parece no estar sujeta a variabilidad, el temple histórico en el que se desarrolla hace que existan diferentes formas espirituales que están sujetas a una caducidad y cambio. De esta manera, la vida humana es para Dilthey mundana, porque acontece en un mundo que es exterior. Es intersubjetiva porque, en tanto se despliega en el mundo, nos encontramos en relación con otras subjetividades e historias, porque la vida se da en el tiempo. 

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